
Después de dos años, después de dos largos años, volvía a contemplar aquella ciudad que tanto me había gustado y que ahora me daba miedo pisar porque sabía que en algún lugar la encontraría. Suspiré y comencé a bajar lentamente hasta llegar a las fronteras del lugar. Había cambiado bastante, ahora unos enormes muros de piedra fría se extendían encerrando a la ciudad en sí misma. Después de esperar algunos segundos unos guardias me abrieron la gran puerta de madera y me dejaron pasar. Caminé tranquila y lentamente, mientras pensaba las palabras adecuadas, hasta el castillo. Sabía perfectamente que el rey y la reina de Aerith estarían al tanto de mi llegada y de mi propósito en aquella ciudad, pero aun así, no podía evitar el sentirme culpable y mal aunque no tenía ningún motivo en concreto.
Finalmente llegué al castillo y alcé la cabeza para contemplar con asombro lo sombrío que estaba desde la última vez que había visitado aquel lugar. Unos guardias con sus vestiduras grises me abrieron las puertas de palacio y un hombrecito de poco más de metro y medio que me esperaba en el interior, me guió hasta la sala en la que los reyes se sentaban en sus hermosos tronos de terciopelo rojo y oro.
-Bienvenido sea, Van Hallen.- me saludó el rey poniéndose en pie. Le hice una reverencia. –Esperábamos vuestra llegaba…
La reina me sonrió y le dediqué a ella también una reverencia. Me incorporé y miré al rey a la cara. Él clavó sus ojos oscuros en mí y sentí como me taladraban por dentro.
-La custodia de nuestra hija le ha sido entregada, parece ser que a los Superiores no les basta con nuestra guardia.- me explicó el rey.
Todo aquello yo ya lo sabía. Me lo habían explicado los Superiores, pero aun así escuché atentamente lo que tenía que decirme y lo que él consideraba importante que yo supiera.
-Supongo que estará al tanto de lo ocurrido con la Princesa.- continuó.
Asentí y esperó unos segundos. No desvió su mirada de mí y continuó hablando.
-No solo está en sus manos la vida de nuestra hija, Van Hallen, sino la de todo nuestro pueblo, porque si usted fracasa, nosotros también. Téngalo en cuenta.
Asentí una vez más. Todo aquello comenzó a pesar más y más sobre mi cuerpo y mi conciencia. Hice una reverencia y estaba dispuesto a marcharme, pero en aquel mismo momento pasó por mi lado un torbellino de cabellos rubios que corrió hacia el altar y abrazó al rey. Abrí los ojos de par en par, sorprendido. Quise marcharme en aquel mismo momento o mejor aun, que me tragara la tierra. Era demasiado cobarde para enfrentarme a aquella situación sabiendo lo que ya sabía.
-Hija, no has saludado a tu nuevo Protector.- le recriminó su padre.
-Padre, ya le he dicho que no necesito…- dijo mientras se giraba hacía mí.
Dejó su frase inacabada al verme y su rostro feliz se metamorfoseó. Primero algo de tristeza pasó por él, rabia y finalmente se quedó en la indiferencia.
-Te presento al mago Van Hallen.- dijo finalmente su padre. -¿Os conocíais?- preguntó entonces mirando mi cara.
-¡Para nada!- se apresuró la Princesa en contestar. –Nunca nos habíamos visto.
Entornó los ojos para mirarme y me di cuenta de que no era tan vulnerable como me había creído en aquel momento. El rey la miró durante unos segundos, pero ella no apartó su mirada de mi persona. Mostré una media sonrisa en mi rostro, de autosuficiencia y miré al rey nuevamente.
-Si me disculpáis su majestad, me retiraré.- le dije haciendo una reverencia.
Él alzó la mano y me dejó marchar en paz. Me giré nuevamente y me tele transporté hasta la puerta que me hacía salir de aquella habitación. Sonreí para mí mismo y me convencí de que todo lo que había sucedido había sido para ella un juego de niños y en cierto modo, ella lo era.
Holaa!!! Bueno pues nada, que hoy os traigo otro retazo de Charlotte (La Princesa Charlie y el Mago Van Hallen), que espero que os guste y que me comentéis mucho. Bueno ahora ya han comenzado las clases, así que no estaré tan a menudo como me gustaría. Besitoss a todos y que paseis un buen viernes y un lindo finde!!!